
Se descalzó entonces sin saber muy bien porque y comenzó a andar, no sentía ni frío ni calor, solamente la evidencia de estar vivo. El miedo que le invadía al mirar hacia atrás se desvanecía a cada paso mojado.
Tenía por primera vez la sensación de que caminaba hacia algún lugar a pesar de que iba casi a tientas, sin seguir un plan, desconociendo el camino que le aguardaba. Era justo esa sensación de ingravidez, la desprotección de pisar tierras desconocidas sin zapatos, la enorme sensación de sentirse tan pequeño y eso que otros le dijeron que se llamaba vértigo lo que le empujaba a continuar hacia delante con mas seguridad que nunca.
Con la apacible certeza de no tener nada que perder, con la inigualable y terrible sensación de ser por primera vez profundamente él.
Aquel sentimiento era tan profundo que inundaba su piel, que olía a derrota ganada, que sabia amargo como el azúcar que todavía no había probado.
Fue justo en ese momento cuando se dio cuenta de que seguía calzado y recordó aquella frase que una vez le dijeron y que pronto formará parte de su piel junto con muchos otros de sus recuerdos. "que el miedo no evita el susto"
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